La formación docente y la atención individualizada
aparecen como los factores más destacados para saber cuál puede ser el mejor sistema educativo del mundo.
El
sistema educativo es (o debería ser) una de las principales preocupaciones de
cualquier instancia política. Los responsables de diseñar y gestionar la cosa pública son conscientes
de que el futuro de una sociedad depende en gran medida de la calidad de la
educación impartida en las escuelas, ya que dicha formación convertirá a niños
y adolescentes en adultos más o menos capaces de desenvolverse con garantías de
éxito en el complejo mundo actual.
Un
estudio de la consultora McKinsey & Company acerca de los sistemas
educativos más exitosos del mundo revela las estrategias comunes que ayudaron a
estos países con mejor desempeño educativo a cumplir con sus objetivos. El
trabajo también analiza la actuación de los sistemas educativos que, más allá
de su posición global en la clasificación, han conseguido mejorar en el corto
plazo.
Calidad docente
Para
desarrollar su investigación, McKinsey & Company se basó en dos informes
previos. El primero, publicado en 2007, se titula Cómo hicieron los
sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos
y se centra en el análisis de las variables y las prácticas que determinaron la
excelencia educativa según los resultados de las pruebas PISA. El segundo
documento, Cómo continúan mejorando los mejores sistemas educativos
del mundo, fue presentado a finales de 2010 y se dedica a repasar los
procesos que permitieron conseguir mejoras relevantes en la gestión educativa.
El
propósito es que cada administración pueda conocer y estudiar las
características de los sistemas que supieron alcanzar prestigio y
reconocimiento a escala internacional, para adaptar dichos procedimientos al
ámbito local.
Los
expertos han advertido tres grandes elementos comunes en todos los sistemas que
han experimentado mejoras: la calidad de los docentes (un profesorado motivado
tiene incidencia directa en el desempeño de los alumnos), la capacitación de
los profesores (los mejores sistemas educativos son aquellos que implementan
mecanismos eficaces para la selección de los docentes y les exigen a estos el
cumplimiento de distintos períodos de capacitación) y la atención individual de
los alumnos (con la detección e identificación de situaciones que puedan
retrasar el desarrollo académico del alumno para una intervención inmediata).
Por
otra parte, el análisis de los veinte sistemas educativos que reflejaron
mejoras en los resultados de sus alumnos en las evaluaciones PISA ha permitido
hallar intervenciones comunes que promueven el progreso. McKinsey & Company
destaca que todos los países pueden mejorar, sin importar su punto de partida.
Lo importante es reconocer el nivel de excelencia propio (ya que las diferentes
intervenciones tienen éxito según las características del sistema), contar con
una estructura adecuada de remuneración y reconocimiento de los docentes, que
se evalúe a los alumnos de forma periódica y centrarse en los procesos, es
decir, dirigir el foco de atención más en cómo enseñar y no tanto en qué
enseñar.