Un estudio de la empresa Manpower revela
que la formación se ha convertido en una herramienta contra la crisis y el
desempleo juvenil.
No
es ningún secreto que la crisis económica ha golpeado con fuerza en el mercado
laboral español. Las cifras inéditas de desempleo que registra el INEM constituyen
mucho más que un obstáculo para el crecimiento del PIB, sobre todo porque el
paro ha golpeado con especial intensidad a las franjas más jóvenes de la
población, situando el índice de desempleo juvenil en un 29% según datos del
“Índice laboral” elaborado por la empresa Manpower.
El
estudio se divide en dos partes. En la primera se analiza el mercado de trabajo
en los primeros meses de 2011, mientras la segunda aborda el comportamiento de
los jóvenes ante la crisis del empleo. La primera entrega confirma en líneas
generales los datos macroeconómicos que se han ido conociendo a lo largo de
este año. Unos datos entre los que destaca el aumento de los parados de larga
duración, es decir, los que llevan más de un año en esta situación, hasta el
42% frente al 36,4% registrado en el ejercicio anterior.
Además,
el informe revela que “la formación sigue siendo una protección contra el
paro”. Las cifras en este sentido son concluyentes, puesto que de los más de
2.300.000 puestos de trabajo destruidos desde el inicio de la crisis, más de
1.900.000 corresponden a personas con un bajo nivel de estudio, mientras que en
el colectivo de nivel alto de estudios se han creado alrededor de 200.000
empleos.
Aumento de jóvenes independizados
Esta
situación ha llevado a un crecimiento prácticamente inédito de las tasas de
escolarización, un asunto abordado en la segunda parte del informe. Según los
datos ofrecidos por Manpower, se ha registrado a partir de 2007 un incremento
de hasta el 24% en los jóvenes de entre dieciséis y treinta y cuatro años que
han iniciado o retomado sus estudios.
Esta
situación ha traído algunas consecuencias directas, como el desmoronamiento de
la mal llamada “generación ni-ni”, esto es, aquellos jóvenes que no estudian ni
trabajan y mantienen su residencia en el hogar parental. De este modo, a
comienzos de 2011 apenas se contabilizaban unos 300.000 jóvenes en esta
situación, poco menos del 3% del total.
Además,
Manpower completa este escenario con un dato que puede resultar llamativo, al
menos a primera vista. El número de jóvenes independizados que viven fuera del
hogar paterno se ha elevado hasta el 40,6% frente al 39,6% de 2007 y el 30,3%
registrado en 1995. El informe detalla que en este ascenso tiene mucha
influencia el caso de los jóvenes inmigrantes, cuya tasa de independencia se
sitúa en un 56% frente al 36% de los jóvenes nativos.
Este cambio ha traído
consigo otros referidos a la estructura de los hogares. Así, se encuentra un
número cada vez mayor de jóvenes que ocupan posiciones de persona de referencia
en el hogar, sean o no cónyuges, y que asumen responsabilidades familiares. De
modo inverso, se aprecia un descenso de los jóvenes que son considerados
“hijos”, es decir, aquellos que aún residen en el hogar familiar más allá de
que estudien o trabajen.