El último informe PISA demuestra que nuestro sistema educativo mejora, pero no al ritmo esperado. Seguimos estando por debajo de la media de los sesenta y cinco países analizados.
En
todo caso, el análisis de los datos no ha hecho más que comenzar, a pesar de
que el documento original cuenta con más de quinientos folios y requerirá una
lectura sosegada por parte del sector educativo y de los especialistas.
La
pregunta es inevitable: ¿estamos a la altura de un país desarrollado en materia
de Educación? Los resultados de esta evaluación internacional, en la que están presentes
los más desarrollados del planeta, nos colocan en un ranking que es imposible
obviar, aunque siempre se tienen diferentes lecturas. Desde el Ministerio de
Educación el mensaje ha sido muy claro: optimismo. Un optimismo auspiciado en
varios principios: “Mejoramos veinte
puntos en comprensión lectora respecto a 2003 -año en el que los resultados
fueron devastadores para España-; obtenemos
mejores calificaciones que hace tres años en competencia matemática; y no
existen apenas diferencias entre comunidades autónomas”. Es más, los
resultados nos sitúan ante la comunidad educativa internacional “como el
segundo país más equitativo del mundo”, según las mismas fuentes oficiales.
Para
el PP, por el contrario, esos mismos datos no ofrecen ninguna razón para
sentirnos orgullosos de nuestro sistema educativo. La portavoz del Grupo
Popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, considera que el Gobierno
"no puede sentirse satisfecho de los datos que arroja el informe PISA
sobre la comprensión lectora de los estudiantes y ha demandado el
establecimiento de un nuevo modelo de evaluación de alumnos y centros que sirva
para mejorar el sistema educativo nacional”.
De
una u otra forma, la difusión del Informe Pisa (que corresponden en esta
ocasión a la evaluación realizada en 2009) cuenta siempre con una enorme
repercusión mediática; de hecho se hacen públicos, casi simultáneamente, en todos
los países de nuestro entorno.
Y
es que PISA (Programme for International Student Assessment o Programa para la
Evaluación Internacional de los Alumnos) ofrece resultados globales y niveles
de rendimiento de los alumnos de quince años sobre tres competencias básicas:
lectura, matemáticas y ciencias. Es un estudio comparativo que, inevitablemente,
establece “confrontación” entre los resultados de países participantes y en
algunos casos dentro del propio país. De hecho en esta ocasión la mayoría de
las comunidades autónomas se han sometido a una evaluación específica.
¿Comprenden lo que leen?
En
esta ocasión el informe se ha centrado en las competencias adquiridas por los
estudiantes en materia de comprensión lectora, aunque también ha actualizado
datos correspondientes a matemáticas y ciencias. La muestra española ha estado
formada por novecientos diez centros y ha contado con la participación de veintisiete
mil alumnos.
Pero
quizá la principal novedad de esta edición haya sido, precisamente, esa
participación específica de algunas comunidades autónomas. El informe ofrece datos
de catorce de ellas, las que decidieron voluntariamente aumentar la muestra participante.
Y los resultados arrojan las primeras diferencias dentro de nuestras fronteras.
Aunque el ministerio asegura que esas diferencias han resultado ser mínimas, lo
cierto es que Madrid, Castilla León y Cataluña vuelven a situarse a la cabeza
en cuanto a resultados e incluso a superar la media de la OCDE. En la parte más
baja de la lista, los alumnos de Andalucía, Baleares y Canarias.
En
cuanto a los datos globales, a nuestra situación como país, hay una realidad
incontestable: España no consigue alcanzar la media de los países
desarrollados, a pesar de haber recuperado el bajón de veinte puntos que registró
en el informe anterior. Los alumnos españoles de quince años han obtenido en
lectura una media 481 puntos (en 2006 fueron 461), frente a los 493 de la media
de la OCDE. Si se analizan los datos desde más atrás, es decir, comparándolos
con el informe del año 2000, España baja doce puntos.
La
mayoría de los expertos consideran estos resultados como un estancamiento de
nuestro sistema educativo, con pocas expectativas de superación. Y hay algunas
señales que lo demuestran: España sigue contando con muy pocos alumnos en los
niveles más altos de resultados (establecidos de unos a seis); sólo un 3% de los
estudiantes frente al 8% de media de la OCDE. Y en este contexto hay que
mencionar el caso coreano, un auténtico ejemplo de superación: una de las
características de su sistema educativo, puesto de manifiesto por los expertos
de la OCDE, es su apuesta por la excelencia, esto es, por los alumnos muy brillantes,
a los que se intenta reconducir de manera que exploten toda su capacidad.
Otro
de los problemas del sistema educativo español es el alto porcentaje de
repetidores: tenemos un 36% de alumnos que repite curso, lo que refleja de
alguna manera el fracaso escolar, uno de los problemas más graves. Claro que
también hay buenas noticias. Y tienen que ver con la igualdad de oportunidades.
Los datos PISA nos sitúan en los primeros puestos en cuenta a equidad; de hecho,
solamente nos adelanta Finlandia en el baremo. Este dato ha sido difundido por
el Ministerio de Educación con orgullo. El flamante Secretario de Estado, Mario
Bedera, explicaba en rueda de prensa que ”los
padres españoles pueden estar seguros de que no hay apenas diferencias entre
estudiar en una comunidad autónoma u otra”. Tampoco parecen existir
diferencias entre los tipos de centros, públicos o privados, aunque si entre los
alumnos de cada centro: “Las mayores desigualdades
en las puntuaciones se producen entre alumnos de un mismo centro escolar;
habría que preguntarse qué factores influyen en estos resultados”, explica
Bedera.
¿Qué dice el sector?
El
presidente de la Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y
Padres de Familia (CONCAPA), Luis Carbonel, ha asegurado que el Informe PISA
2009 sitúa a los alumnos españoles en "puestos de absoluta
mediocridad" y ha abogado por un "gran cambio educativo". Así,
ha subrayado que, pese a que se ha avanzado un "poquito" en
comprensión lectora, "después de diez años en el furgón de cola de la
OCDE, no ha habido ningún cambio". Por ello, ha señalado que éste debe
realizarse "con pacto o sin pacto" y que "no caben soluciones
engañosas". Finalmente, ha calificado de "preocupantes" las
diferencias entre las distintas comunidades autónomas reflejadas en el Informe
PISA, por lo que ha defendido la realización de una "prueba objetiva
externa que homologue los conocimientos" de éstas.
Los
representantes de los profesores de momento se muestran cautos con los datos. El
sindicato CC.OO. ha hecho un llamamiento a un uso “responsable y contextualizado
de los datos PISA”, aunque echa en falta “la participación del profesorado, con
su opinión y experiencia, en este tipo de evaluaciones”.
Mientras
tanto, y a la espera de cientos de reacciones y análisis que no tardarán en
llegar, el PP ha anunciado que someterá a votación en el Congreso una
proposición no de ley en la que insta al Gobierno a poner en marcha, en
colaboración con las comunidades autónomas, un nuevo modelo de evaluación que
permita, entre otras cosas, combatir el fracaso escolar y elevar el nivel de
conocimientos de los escolares.
Aurora Campuzano
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