Una investigación realizada por TNS
revela que uno de cada dos jóvenes desea independizarse económicamente de sus
padres entre los veintiuno y los veinticinco años de edad.
La
adolescencia es, casi por definición, una etapa vital complicada, llena de
dudas y contradicciones, y también de hallazgos e ilusiones. En la actualidad,
con una crisis económica que amenaza haber llegado para quedarse, este momento
de la vida puede resultar aún más complejo, puesto que la carga de
incertidumbre que genera la falta de perspectivas motiva que el ingreso al
universo de la adultez parezca un empeño prácticamente utópico, en especial en
lo relativo a la independencia material de sus progenitores.
Poca paga
El
estudio TRU sobre adolescentes que elabora TNS ha demostrado recientemente que
la voluntad de autonomía suele chocar contra la realidad. El 88% de los jóvenes
españoles considera que debería independizarse económicamente de sus padres a
los veinticinco años como edad máxima, aunque más del 80% de los consultados de
esa edad aún tiene a sus padres como el máximo sustento.
La
mitad de los adolescentes escoge el rango de entre los veintiuno y los veinticinco
años como la edad apropiada para alcanzar la independencia financiera, con los veintitrés
años como la edad media señalada por la mayoría. Una franja minoritaria de jóvenes
(12%) se muestra más reacia a abandonar el hogar parental y consideran que
deben independizarse después de cumplir los veintiséis años.
La
fuente de ingresos más habitual para los adolescentes son sus padres. El 84% de
los encuestados pide dinero a sus progenitores cuando necesita, mientras que el
51% opta por los abuelos u otros parientes, mientras el 35% se financia “con
regalos”. Con estas estadísticas, quizá el dato más llamativo es que apenas es el
27% de los jóvenes el que recibe una paga semanal estable. Trabajar de manera
esporádica (12%) o a media jornada (4%) son fuentes minoritarias de ingresos.
El lejano casamiento
Estos
recursos permiten que los adolescentes españoles dispongan de una media de 43
euros semanales para solventar sus gastos personales. El 79% de dicho
presupuesto se gasta y el resto, se ahorra. Las distintas formas de ocio
(actividades lúdicas, comida rápida, refrescos, etc.) se llevan la mayor parte del
consumo, aunque la ropa aparece como la categoría en la que más dinero
invierten los jóvenes si se toman en cuenta la frecuencia y el gasto.
El
63% de los adolescentes asegura que, al acabar el Bachillerato, desea continuar
con estudios superiores (doctorado, posgrado). El 54%, por su parte, afirma que
pretende trabajar a tiempo completo. Otras posibilidades, como trabajar de au pair (4%) o alistarse en el
ejército (3%), resultan prácticamente residuales en las preferencias. Cabe
destacar que un importante 23% de los jóvenes aún no sabe responder qué desea
hacer en el futuro.
Quedarse
en casa y formar una familia parece ser una opción que a día de hoy resulta
poco atractiva para los adolescentes, a juzgar por el escaso 6% de encuestados que
menciona esta alternativa. El casamiento se posterga hasta los 29 años en el
caso de los chicos y los 28 en el caso de las chicas. Los responsables del estudio
explican que estas proyecciones, cuando se realizan a una edad temprana,
parecen razonables. Sin embargo, cuando se va acercando esta edad, el momento
real del enlace va postergándose más y más.