El ministro de
Educación, José Ignacio Wert, ha anunciado ya las primeras medidas que
reformarán nuestro sistema educativo y que, como era de esperar, ya han
producido reacciones a favor y en contra.
José Ignacio Wert, titular de Educación, ya ha
anunciado las primeras medidas que reformarán el sistema educativo español: la desaparición del
cuatro curso de ESO para añadirlo al Bachillerato y una modificación importante
de la Formación Profesional. Además, tras la primera reunión con la Conferencia
Sectorial de Educación el titular de cartera ha dado otra noticia que seguro
provocará polémica: las oposiciones a la Función Pública Docente se congelarán
en la mayoría de las comunidades autónomas. Y, para terminar, anunció que sustituirá Educación para
la Ciudadanía por Educación Cívica y Constitucional; una nueva materia que nacerá
de eliminar de la antigua las “cuestiones controvertidas” para sólo mantener
aquello que tenga que ver con el conocimiento de la Constitución y sus valores,
y las instituciones de cualquier sociedad democrática y de la Unión Europea (lo
que significa en la práctica que, por ejemplo, se anule todo el bloque sobre relaciones
interpersonales y humanas que existía en Secundaria).
Los pasos a dar
Wert espera tener aprobada la normativa que reformará estos aspectos
de nuestro sistema educativo antes de que termine 2012. Y esa reforma no
incluye, por ahora, ninguna novedad respecto al programa electoral del PP. Los
populares ya anunciaron que si llegaban al poder aumentarían el bachillerato en
un año y así lo harán. Lo que no sabíamos era por qué camino. Ahora, tras la primera
reunión con la Conferencia Sectorial de Educación, en la que están
representadas todas las administraciones autonómicas, se han perfilado los
detalles. La reforma consistirá en quitarle un curso a la ESO para darle uno más al Bachillerato,
aunque la edad de escolarización obligatoria se mantenga en los dieciséis años.
Se hará adelantando la decisión de los estudiantes sobre su futuro profesional,
es decir, los alumnos de quince que no hayan repetido deberán decidir si van al
Bachillerato o a la Formación Profesional, y estarán obligados por ley a cursar,
al menos, el primer año, aunque quieran dejar los estudios a los dieciséis.
Las
reacciones no se han hecho esperar. Una parte de la comunidad educativa cree
que la reforma supondrá segregar al alumnado y reducir la formación básica y
común que todos ciudadanos deben recibir en la etapa obligatoria. Pero no sólo
eso: la medida podría afectar directamente al modelo de conciertos, ya que
repercute en la etapa postobligatoria, que en la mayoría de las comunidades
autónomas no está sujeta a subvenciones.
El ministro
no ha querido entrar en detalles, sólo ha advertido de que no se pretende
rebajar la edad de la escolarización obligatoria: "de ninguna
manera queremos rebajar, para quienes no sigan la vía del Bachillerato, la
condición obligatoria de la enseñanza hasta los dieciséis años. No voy a entrar
en el tecnicismo de la forma de resolverlo, pero el reparto en la Secundaria
será de tres años de ESO y tres de Bachillerato".
De una u otra
forma, el anuncio ya ha generado alguna polémica, y aunque el titular de
cartera apuesta por el consenso, lo tendrá bastante difícil con parte del
sector, aunque lo consiga con los consejeros autonómicos. Desde el Gobierno se
asegura que el objetivo final de estas reformas no es otro que conseguir
mejorar nuestro sistema educativo, las carencias se manifiestan explícitamente
en una tasa de fracaso escolar que ronda el 30%. Wert quiere reducir esos
porcentajes en un 10% de aquí a 2020.
La izquierda en contra
La Federación
de Enseñanza de UGT ha manifestado su preocupación por los anuncios de
“reformas educativas”. Respecto a la propuesta de transformar el cuarto de la ESO en primero de bachillerato
este sindicato asegura que supone “una segregación del alumnado a los quince
años y genera dudas sobre la concertación de la postobligatoria”.
En la misma
línea se han manifestado las Juventudes Socialistas (JSE). La organización
califica la reforma de “ineficaz” y afirma que “no tiene sentido
que mientras las comunidades del PP recortan en educación el Gobierno quiera
gastarse parte del presupuesto educativo en implantar una medida de dudosos
resultados”. Los jóvenes socialistas advierten de que “las
medidas educativas que se están tomando desde el Gobierno central y las
comunidades del PP van dirigidas a recortar la inversión en la educación
pública” y teme que “al PP le dé por instaurar el copago educativo”.
Aún faltan
por conocerse las reacciones a la supresión de Educación para la Ciudadanía,
asunto que, ya con un proceso polémico desde su implantación, siempre ha estado
en la punta de lanza de los conflictos entre ambos sectores ideológicos.
Y desde las
organizaciones de padres de alumnos también hay reacciones, algunas más afines
al Gobierno. La CONCAPA, mayoritaria en los centros de ideario católico,
califica las medidas de “acertadas pero insuficientes” en su nota de prensa. En
ella valora positivamente que el Bachillerato sea de tres años, pero asegura
que la reforma se queda corta si no se extiende la gratuidad de la enseñanza
hasta los dieciocho años y se otorga a los centros los medios económicos y
humanos necesarios. En otras palabras, propone que sea gratuito para todos,
evitando la discriminación existente en España, con algunas comunidades autónomas
que aplican los conciertos en esta etapa y otras no.
La CONCAPA
también responde a las criticas generadas desde la izquierda del sector respecto
a los cambios en la ESO: “reducir la ESO a los quince años no es
segregador, lo segregador es tener que irse a otro colegio por no ofertarlo
gratuitamente, ya que un joven a esa edad tiene madurez suficiente para poder
elegir FP o Bachillerato, y puede continuar en el colegio hasta los dieciséis
años”.
Oposiciones
El otro punto
caliente de las declaraciones de los últimos días está en la convocatoria de
oposiciones, congelada en la mayoría de las comunidades. El ministro ha
explicado que, dentro del criterio de reposición del profesorado establecido
por el Gobierno para este año (una tasa del 10%), muchas autonomías han optado
por acumular la oferta de este año y la del siguiente con el objetivo de que se
supere la "masa crítica necesaria para que el coste de la convocatoria no
fuera excesivo". Pero hay quien sí convocará: Andalucía, País Vasco o
Madrid seguirán adelante con la oferta de empleo público.
Y ante el
anuncio, más reacciones.
ANPE,
sindicato mayoritario en la escuela pública, exige en su comunicado la
convocatoria de oposiciones en todas las comunidades autónomas e insta al ministerio
a “ejercer su labor de liderazgo y coordinación en las políticas
educativas del Estado”. La organización cree que una amplia oferta de
empleo público resulta en estos momentos imprescindible para transformar el
empleo precario en empleo fijo y ajustar las plantillas a las necesidades de
especialización de los cuerpos docentes.
Además, en su
reunión con los consejeros autonómicos el titular de cartera ha anunciado otra
reforma importante, la de la Formación Profesional, y ha utilizado un abjetivo
que anuncia cambios de calado: una revisión profunda. Habrá cambios pero no cambiará la Ley actual. Los
detalles nos llegarán estos días tras la comparecencia del ministro en el
Congreso de los Diputados. Y las reacciones del sector, también.
Aurora Campuzano