La navegación conjunta por la red con
los menores como forma de iniciarles en la seguridad en la red es la premisa principal con la que se ha celebrado el Día Internacional por una Internet Segura.
La red constituye
un escenario magnífico que hasta hace pocos años resultaba impensable. Las
posibilidades de comunicación en línea han abierto un mundo prácticamente nuevo,
aprovechado principalmente por jóvenes y adolescentes. Pero en la vida virtual,
al igual que en la vida real, acechan también riesgos y peligros ante los que conviene
tomar precauciones.
La navegación
segura por internet se ha convertido en un punto crucial de ocupación y
preocupación de padres, madres y educadores, conscientes de que la llamada
generación de nativos digitales tiene ante sí el reto de establecer una
relación adecuada con las nuevas tecnologías. Esto significa que si bien la
mayoría de las actividades en línea se desarrollan en un contexto de ocio y
recreación, navegar por la red no es ningún juego.
No juegues a navegar
Por ello,
la presente edición del Día de la Internet Segura, celebrado el día 8, ha llevado por lema “Es más que un
juego, ¡es tu vida!”, como forma de advertir a los más jóvenes para que tomen
las precauciones necesarias en cuanto a privacidad a la hora de compartir datos
personales o subir fotografías propias y de terceros. Todo ello en un contexto
en el que las redes sociales se han convertido en poco tiempo en las plataformas
preferidas por los jóvenes internautas.
A pesar de
todo ello, caer en el alarmismo por parte de los adultos no constituye un camino
adecuado. El mundo virtual, la sociedad 2.0, ha llegado para quedarse, y esto
supone que son las personas mayores las que han de hacer el esfuerzo de alfabetizarse
digitalmente. Porque recorrer internet de forma conjunta con nuestros hijos y
alumnos constituye el centro neurálgico de una navegación segura.
La
navegación conjunta con nuestros hijos o alumnos es una herramienta de doble
recorrido, puesto que mientras los adultos pueden ayudar a discriminar los
contenidos apropiados de los que no lo son, los menores podrán enseñarnos
aspectos técnicos que pueden resultar desconocidos para un adulto. Éste, a su
vez, puede informarse y utilizar algunos de los diversos instrumentos de
control para la navegación, como filtros u otros presentes en la red o que
brinde el proveedor de servicios de internet.
Fotos propias, abusos ajenos
En el caso
concreto de las fotografías, resulta fundamental concienciar a los menores
sobre la importancia de nuestra imagen y los derechos que tenemos sobre ella.
En primer lugar, el uso que se le da a nuestra propia imagen depende de
nosotros mismos. Aunque sea otra persona el que la difunda, en la mayoría de
los casos es el propio usuario el que la cuelga (de forma más o menos
inconsciente, o más o menos inocente) en internet, por lo que los esfuerzos
preventivos deben ir dirigidos a no compartir con desconocidos ninguna clase de
fotografía o vídeo.
Asimismo,
durante la conexión a las redes sociales o en los encuentros por mensajería
instantánea los menores se pueden “encontrar” con usuarios cuyas identidades
falsas puedan ser reclamo para conductas inapropiadas. En general, el menor ha
de saber que lo más conveniente es abandonar la página, el chat o el foro por
el que se navegue en el caso de que alguien o algo lo haga sentirse incómodo, y
luego comunicárselo a sus padres o educadores.