Un estudio desarrollado por el Instituto de la Juventud (Injuve) desmantela
el mito generacional de los jóvenes "ni-ni" que ni trabajan ni estudian.
Érase una vez un reality show que, como suele
ser habitual en este tipo de formatos, tenía más de espectáculo que de
realidad. En dicho programa, un grupo de jóvenes era bautizado como “generación
ni-ni””, haciendo referencia ambas conjunciones copulativas a aquellos que ni
estudian ni trabajan (y que tampoco planean hacerlo).
El mote generacional (por
cacofónico o ingenioso, en definitiva, por sencillo) encendió la mecha de la
identificación de miles de jóvenes que, esta vez sí de forma “real”, han
abandonado el sistema educativo y se ven desplazados del mercado laboral por
una máxima exigencia profesional que se ve desmentida más tarde por jornales de
becarios.
Sin embargo, esta brecha (que
existe, es real y no constituye ningún show),
ocasionada por la falta de perspectivas del sector de edad que más debería
tenerlas, se encuentra lejos de saltar al estado de epidemia social y más bien
tiende a remitir de forma drástica. Así lo confirma un completo estudio
elaborado por el Injuve que lleva por título Desmontando a ni-ni,
y en el que se analizan al detalle las expectativas, las frustraciones, las
debilidades y fortalezas de jóvenes que, en conjunto, conforman un grupo más
bien heterogéneo.
De perdida a protagonista
El dato principal de este trabajo
no proviene de él, sino de la última Encuesta de Población Activa (EPA), que
cifra en poco más de ochenta mil los jóvenes de entre dieciséis y veintinueve años
que ni estudian ni trabajan, es decir, apenas el 1,06% de la población juvenil.
Lo más significativo es que hace poco más de un año la EPA de verano de 2009 cifraba
el colectivo en 136.696 personas. La distancia entre ambas EPA puede bucearse
en el aumento de los alumnos de FP (un 5 %) y de universidad (un 7 %).
Este importante cambio de
tendencia ha llevado a los autores del estudio del Injuve a matizar que más que
generación perdida, los llamados jóvenes “ni-ni” tienen “las condiciones para
ser una generación protagonista”.
La caracterización de joven “ni-ni”
responde a aquel que no estudia, no trabaja ni tiene voluntad para hacerlo. El
componente volitivo no solo no es menor, sino que es el que marca la frontera
entre los auténticos “ni-ni” y aquellos que más bien se
parecen a aquellos o que son erróneamente catalogados como tales. El estudio
señala cómo muchos de estos jóvenes (se los cifra en las tres cuartas partes de
los ochenta mil “ni-ni” de la EPA) no solo tiene voluntad de trabajar sino que ante
el fantasma del paro se han mostrado capaces de realizar tareas del hogar bajo
la consigna “ya pasará la crisis”.
Fracaso del sistema formativo
Otro de los puntos en el que pone
el énfasis el trabajo del Injuve es el de la deformación del fenómeno “ni-ni”,
en tanto estereotipo alimentado por un discurso mediático “burdamente
justificado en una estrepitosa y deficiente lectura” de la realidad. En
cualquier caso, entre aquellos que podrían catalogarse de “auténticos” jóvenes “ni-ni”
y que aparecen en un escenario de pérdida de la esperanza, se cuentan
ligeramente más mujeres que hombres, y se detecta una mínima mayor presencia de
extranjeros.
Los jóvenes “ni-ni” tienen una
percepción negativa del trabajo y de los estudios, a los que considera inútiles,
y a la vez tienen desligados dos conceptos que para la generación de sus padres
resultaban poco menos que infalibles: un mayor nivel curricular garantiza un
trabajo con garantías. Así, este divorcio entre desarrollo académico y mejores
condiciones laborales abona fragilidades psicosociales y alienta la
vulnerabilidad. A su vez, el fatalismo se sitúa como la visión dominante de
estos jóvenes, lo cual constituye un caldo de cultivo para discursos simplistas
y a menudo extremos.
Por último, el estudio contiene fuertes
críticas a un sistema formativo que se revela como “rígido” y poco adaptado a
las necesidades sociales. Asimismo, los autores detectan un “fracaso de la
escuela como dispositivo instrumental y socializador”, revelado por la falta de
disponibilidad para el esfuerzo y el trabajo de esos supuestos jóvenes “ni-ni”.