Con un
entrañable discurso, Ana María Matute recogió de manos de S.M. el Rey Don Juan
Carlos I el Premio Cervantes por toda su extensa obra, la tercera mujer en
conseguir el galardón.
(Foto Efe)
“Si en algún
momento topan con algunas de las historias que pueblan mis libros, por favor
créanselas, créanselas porque me las he inventado”.
La dama de las letras españolas ya tiene el
Premio Miguel de Cervantes en sus manos. Como es tradición (aunque con algunos
días de retraso por coincidir el 23 de abril con la Semana Santa), en una
solemne ceremonia celebrada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de
Henares, S. M. el Rey Don Juan Carlos ha hecho entrega del trofeo acreditativo
a Ana María Matute por su contribución al legado literario hispánico a lo largo
de su carrera como escritora.
Además de los Reyes, al acto han acudido
otras autoridades, como el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez
Zapatero; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; la
ministra de cultura, Ángeles González-Sinde; la directora del Instituto
Cervantes, Carmen Caffarel; y numerosas personalidades de la política, la
cultura, así como amigos, entre los que se hallaban Ana María Moix, Soledad
Puértolas o José Manuel Blecua, y familiares de la premiada.
Palabra de Matute
Ha sido una gala emotiva, en la que la sencillez
y la sapiencia de la autora han brillado en cada uno de sus gestos y,
especialmente, durante su discurso de aceptación del premio. “Preferiría
escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que
pronunciar un discurso”, ha empezado, confesando su recelo hacia esta clase de
alocuciones y apelando humildemente a la benevolencia del auditorio. Luego, ha
expresado su “alegría y felicidad” por haber hecho realidad el sueño que la ha
conducido desde su infancia, cuando entró en contacto por primera vez con los
libros, hasta el día de hoy.
En realidad, el discurso de Ana María Matute
ha sido un cuento, y como todo cuento clásico se ha iniciado con un “Érase una
vez”. Poco a poco ha ido reseñando momentos de su vida (una “vida de papel” a
fin de cuentas) entrelazados con referencias a la literatura, “el faro salvador
de muchas de mis tormentas”. Los recuerdos de su niñez; su perplejidad y terror
durante la Guerra Civil; el cariño hacia su muñeco y amigo Gorogó, al que incluyó en una
de sus historias y al que aún mantiene a su lado, haciéndole partícipe de sus
penas, miedos y alegrías; el nacimiento de su primera novela cuando contaba diecinueve
años, escrita a mano en un cuadernillo; su candor cuando la llevó en mano a la revista
Destino y su
posterior alegría al conseguir un contrato. Luego se atrevió a probar suerte en
concursos literarios de renombre, llegaron otros contratos y conoció
escritores, entrando a formar parte de un hábitat distinto al que conocía, “paradójicamente,
mucho más afín a mi naturaleza”, e incluso ha revelado que durmió una noche con
el ejemplar de su primer libro publicado, Los Abel, bajo la almohada.
Ha sido un discurso franco, cargado de
nostalgia, en el que sobre todo ha reivindicado la capacidad de inventar (“El
que no inventa no vive”, ha dicho), tanto historias como personajes,
situaciones, y hasta flores y palabras nuevas, como el “arzadú”, así como el
valor y la importancia de los cuentos en la literatura, gracias a los cuales un
buen día supo que había nacido para ser escritora.
Tras su intervención, Ana María Matute escuchó
los elogios de la ministra de Cultura y del Rey, quien la calificó como “una de
las narradoras más destacadas y brillantes de habla hispana”, recalcando su “deslumbrante
universo imaginativo”. Además, el monarca ha tenido otras palabras de elogio
para la escritora octogenaria, como cuando ha apuntado que “toda su obra tiene
un inconfundible sello cervantino”, y ha subrayado varias de sus considerables
cualidades “como su sensibilidad, su capacidad creativa y su reconocida
maestría para convertir la realidad, por dura que sea, en hermosas palabras,
cuentos, relatos y novelas”.
Breve historia del Cervantes
Ana María Matute es la galardonada número
treinta y seis del Premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas,
que han logrado hasta el momento diecinueve autores españoles y diecisiete
latinoamericanos. En su caso, además, es la tercera mujer que lo consigue,
junto a María Zambrano y Dulce María Loynaz. Dicha distinción está dotada con
ciento veinticinco mil euros y fue instituido por el Ministerio de Cultura en
1975. Se entregó por primera vez al año siguiente, y fue entonces el poeta
Jorge Guillén quien lo obtuvo. Entre los escritores reconocidos a lo largo de
estas tres décadas encontramos nombres tan ilustres como Jorge Luis Borges,
Camilo José Cela, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Ernesto Sábato, Miguel
Delibes, Mario Vargas Llosa, Rafael Alberti, José Hierro o el recientemente
fallecido Gonzalo Rojas.
No
es la primera vez que la entrega del galardón tiene lugar en una fecha distinta
al 23 de abril por su coincidencia con un día festivo. Sin ir más lejos, desde
1988 se ha adelantado o pospuesto en siete ocasiones.
Puede ser propuesto cualquier escritor cuya
obra literaria esté escrita, total o parcialmente, en español por las academias
de la Lengua Española; los autores premiados en anteriores convocatorias; las
instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la
literatura en lengua castellana; y los miembros del jurado. Desde 1980, esta dignidad solo puede tenerla
un ganador.
El
jurado está compuesto por un miembro de la RAE, otro de las academias iberoamericanas
de la lengua española; los dos últimos premiados; cuatro personalidades del
mundo académico, universitario y literario, de reconocido prestigio, propuestos
por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, la Unión de
Universidades de América Latina, el director del Instituto Cervantes y el ministro
o ministra de Cultura; un miembro propuesto por la Asociación Internacional de
Hispanistas, de nacionalidad no española ni iberoamericana; y dos miembros
elegidos por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y la
Sociedad Interamericana de Prensa.
Vida y obra
Ana
Mª Matute Ausejo nació en Barcelona el 26 de julio de 1925, y desde niña empezó
a escribir e ilustrar sus propias historias. En 1947 publicó su primer cuento
en la revista Destino,
y dos años después fue semifinalista del Premio Nadal con Los Abel. En noviembre de 1952
contrajo matrimonio con el escritor Ramón Eugenio de Goicoechea, del que se
separó once años después y con el que tuvo un hijo, Juan Pablo.

(Foto Efe) En los sesenta pasó varias temporadas en
Estados Unidos, donde obtuvo una plaza como lectora visitante en la Universidad
de Indiana durante el curso académico 1965/66, y a continuación en la
Universidad de Oklahoma. Encontró el amor nuevamente en el empresario francés
Julio Brocard, con quien compartió su vida hasta la muerte de éste en 1990.
Matute había sufrido episodios depresivos a lo largo del tiempo y este hecho la
sumió aún más en la enfermedad. Por este motivo, estuvo muchos años apartada de
la literatura, sin poder escribir.
Su obra
Olvidado
rey Gudú (1996) la ayudó a salir de ese estado y a reconciliarse con
la creación literaria de nuevo. “Ese libro me salvó. Volver a escribir fue
volver a ser yo misma. Sin escribir no soy yo, no soy nada”, ha afirmado.
Hoy día sus libros han sido traducidos a más
de veinte idiomas. En 1976 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura,
pero no fue elegida. Es miembro de la Sociedad Nacional Honoraria Hispánica de
Estados Unidos, y Honorary Fellow de
la Asociación Americana de Profesores de Español y Portugués. Desde junio de
1996 es miembro de la Real Academia Española y ocupa el sillón K.
Entre sus obras destacan:
Fiesta al noroeste (Premio
Café Gijón, 1952),
Pequeño
teatro (Premio Planeta, 1954),
Los
hijos muertos (Premio de la Crítica, 1958, y Premio Nacional de
Literatura, 1959),
Primera
memoria (Premio Nadal, 1959),
Los
soldados lloran de noche (Premio Fastenrath de la RAE, 1962),
El
polizón de Ulises (Premio Lazarillo de Literatura Infantil, 1965),
Solo un pie descalzo
(Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, 1984),
Luciérnagas (1993),
Olvidado
rey Gudú (1996),
Aranmanoth (2000)
y, su última novela,
Paraíso inhabitado,
2008. En 2010 publicó
La puerta de la luna.
Cuentos completos.
Fue Premio Nacional de las Letras Españolas
en 2007 y finalista del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2010.
Ana Fernández
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